Advertencia a los lectores
Julian Beaujardin
Conviene que un libro diga desde el principio a quién se dirige, y este va a decirlo sin rodeos. Este libro ha sido escrito, en primer lugar, para masones: para cualquiera que trabaje en logia regular, sea cual sea su Rito y su Obediencia, y que ya no necesite que le expliquen qué se hace con una escuadra. Pero está escrito también para todo aquel que busca la luz: para el hombre que, sin haber cruzado la puerta de templo alguno, sospecha que hay una puerta y quiere encontrarla. A unos y a otros les debo la misma franqueza: los temas que aquí se tratan tienen un propósito iniciático, y no literario.
Aquí no se rebaja nada para que alcance a todos, porque rebajarlo sería falsearlo. Ya lo decía el adagio latino: omne promiscuum sordescit, todo lo que se hace común se envilece. Tampoco se develará nada de lo que la Orden guarda para sí, y no por respeto a una prohibición: hay cosas que, dichas, dejan al instante de ser lo que eran.
Lo que sigue es una conversación entre HH∴ (así abrevia el oficio a los hermanos), sostenida a sabiendas de que alguien más escucha.
Quien lea estas páginas hará bien en traer consigo alguna instrucción previa, por elemental que sea, en lo que la Orden enseña debajo de sus símbolos. Y conviene decir por qué estos asuntos se resisten a la escritura, porque no es por capricho de quien los trata: lo que los produce ocurre en un plano que no es el del discurso, de modo que al bajarlos a la página se los obliga a hablar una lengua que no es la suya. De ahí que a quien no ha pasado por el rito puedan resultarle oscuros, y no será culpa suya.
Al que busca sin haber recibido iniciación ritual y simbólica le pido lo único que puede pedírsele: que lea con el ojo del corazón. Porque para acercarse a estas enseñanzas hace falta, además del deseo de comprenderlas, la facultad de reconocer de golpe lo que una palabra o una figura llevan dentro sin decirlo; y esa facultad no la da ningún diploma, ni la niega ninguna puerta.
Debo decir además lo que este libro no es. No es una historia de la masonería, que otros han escrito mejor y con más rigor. No es un manual de rituales, ni podría serlo. No es una defensa de ninguna Obediencia ni una crítica de ninguna otra. Y no es una colección de curiosidades simbólicas para amenizar la sobremesa: quien busque eso encontrará mucho donde escoger, pero no aquí.
Las palabras que aquí se emplean —tradición, iniciación, esoterismo, símbolo— se usan en su sentido estricto, y no en el que hoy les da el uso corriente. No es manía de precisión: buena parte de la confusión que se padece en estos asuntos procede de haber consentido que esas palabras signifiquen cualquier cosa. Quien las lea con el sentido devaluado estará leyendo otro libro, no este.
Se habla en estas páginas de lo que es común a la Orden, y no de los usos particulares de cada Obediencia. Donde el lector encuentre que su práctica difiere de lo que aquí se describe, aténgase a la suya: la letra varía legítimamente de una jurisdicción a otra, y no es la letra lo que aquí se discute. Y la razón de atenerse a la propia no es diplomática, sino técnica, y el libro la demostrará: los ritos son vasijas, y el contenido no viaja intacto entre recipientes cualesquiera. Por lo mismo, que a nadie se le ocurra usar estas páginas para «mejorar» ritual alguno: el que corrige la letra con una lectura que no posee comete, con este libro en la mano, el pecado que este libro condena.
Cada uno de los dos lectores ya nombrados atravesará páginas que no le fueron escritas. Al lector profano le pido que cruce el vocabulario de la casa —tenidas, grados, mandiles— como quien visita un oficio ajeno: el argumento no se le va a escapar, porque la crisis de la que trata este libro es la del lenguaje, y esa es de todos. Al hermano masón le advierto lo contrario: que va a encontrar cuestionado precisamente lo que cree saber, y que las páginas que le parezcan dirigidas a otros —las del hebreo, las del arte, las de la psique— son las suyas. Cada mitad hará bien en leer con paciencia la parte del otro: ahí es donde este libro trabaja.
Este libro no inicia a nadie. La iniciación se recibe de una cadena viva, por un rito, en presencia, jamás de una lectura; y el lector que al cerrar estas páginas se sienta «iniciado» habrá encontrado, en sí mismo, la primera falsificación de las muchas que aquí se describen. La Tradición conoce de sobra esa vía muerta, la iniciación libresca contraída en bibliotecas, y este libro querría ser lo contrario: no un sustituto de la puerta, sino la razón de buscarla.
Hay que decir también qué se dice en estas páginas y qué se calla. No hay en ellas palabra que no lleve años impresa, al alcance de cualquiera; y no hay, ni habrá, ni una de lo único que la obligación masónica protege de verdad: los modos en que los hermanos se reconocen, el toque vivo entre eslabones. El lector notará que el autor se detiene varias veces en seco: «de esto no diré nada». No es coquetería: hay cosas que no se callan por prohibidas, sino porque dichas no son nada; la diferencia se explicará a su hora.
Casi todo este libro habla sin persona, porque lo que transmite no es del autor: donde diga «yo», contadas veces y siempre a propósito, es testimonio, y debe pesarse como testimonio: vale lo que valga el testigo, ni más ni menos. Lo mismo vale para los maestros que hablan en estas páginas sin nombre o de viva voz: entran como se recibe lo oral en una tradición oral, no como autoridad que zanja, sino como manos por las que algo pasó. Y el libro abre y cierra como se habla, no como se escribe: también eso es deliberado, y se verá por qué la voz importa tanto en esta vía.
Una última advertencia, que es la que más importa. Este libro no está hecho para leerse de corrido ni para acumularse. No hay en él información que retener, sino cosas que reconocer, y el reconocimiento no depende de la velocidad de la lectura, sino de lo que el lector traiga consigo. Algunas páginas no dirán nada la primera vez y lo dirán todo años después, cuando el trabajo las haya vuelto legibles. No será defecto del texto: es la naturaleza de la materia.